¿Pudo evitarse la mayor estafa inmobiliaria de Baleares?
Hoy desayuno mi café con leche al lado del despacho, en el bar de siempre. Leo con dolor propio en cuerpo ajeno que, la Guardia Civil llevó a cabo ayer una operación policial dirigida contra la “mayor estafa inmobiliaria de Baleares”. Nada menos que doscientas personas afectadas.

Doscientos (200) ciudadanos desembolsaron dinero de sus ahorros o de la venta de algunas propiedades, entregando a unos “presuntos” desalmados, un monto económico aún sin concretar, pero que podría estar entre los 4 y los 7 Millones de Euros.
Como profesional de la abogacía y más como conocedor, desde el año 1.999, del mundo de la construcción, la promoción inmobiliaria y el seguro asociado a estas actividades, no puedo más que llevarme las manos a la cabeza. ¿Cómo es posible? Si tenemos los medios. Si tenemos la legislación. Este desastre ya lo hemos previsto desde 1968. 

Pero ha vuelto a pasar. Siempre vuelve a pasar, lo antiguo se hace nuevo.

Levanto la vista y veo como la gente se dirige hacia la calle Sindicato y me imagino por lo que deben estar pasando las personas que han entregado desde 17.000 a 85.000 Euros, sin recibir ninguna garantía, o como me sentiría yo, si hubiera vendido mi casa y hubiera entregado una gran cantidad de dinero y ahora no quedara nada. Pero, además me siento mal como profesional, como operador jurídico del mundo de la construcción y de la promoción, porque este disgusto y el enorme perjuicio que lo acompaña, era fácilmente evitable.

Me imagino en el despacho atendiendo a dos jóvenes que vienen a consultar dudas, qué tienen que hacer para comprar su primera casa. Vienen con ilusión, con ahorros y aportaciones de sus familiares. Tienen la perspectiva de construir algo y la necesidad de hipotecarse para toda su vida adulta. Barrunto para mí, que en la conversación, en un apartado casi casual, sin importancia, a colación y continuación de otra cosa, les digo: 
“Chicos, una cosa, las cantidades que se entregan a cuenta de la nueva vivienda a la promotora o a la inmobiliaria, están garantizadas por ley. Por cada Euro que adelantéis por la compra de la vivienda, os van a dar una garantía de aval bancario a primer requerimiento o una póliza de seguro especial de caución que se llama de garantía de cantidades entregadas a cuenta del promotor”
Me veo como si estuviera allí, explicándoles que cada uno de los sucesivos pagos que se hagan están garantizados mediante ese aval o ese seguro especial. Me hago el interesante aclarando que detrás de esas garantías, hay un equipo de profesionales que vigila que el dinero se gaste correctamente. 

Además adornándome, porque uno tiene su pequeña vanidad, les explico que esto es así desde 1968, más o menos, y que recientemente se hizo una modificación de la Ley de Ordenación de la Edificación, que ha mejorado mucho el sistema.

Acaba la ensoñación, lamentablemente no vinieron al despacho, ni al mío ni al de mis más de dos mil compañeros activos en Mallorca. Doscientas personas decidieron hacer la inversión más importante de su vida, la que más va a marcar sus decisiones vitales y profesionales durante treinta años de su vida y no fueron a ver a un abogado. 

Muevo la cabeza con ánimo desdeñoso, pensando en quién pudo urdir semejante maldad, cuando todas las piezas estaban en su sitio, cuando el sistema era perfecto sobre el papel, quién se ha llevado el dinero de esas personas. No consultaron y confiaron. Error doble aprovechado por el malvado.

Me termino el café y voy a las páginas de Deportes del periódico, a ver que hace mi Atlético Baleares, mientras pienso en ese dicho: “No hay descanso para los malvados.”
 Y añado para mí: … pero a veces, entre todos, se lo ponemos fácil. 
30 de agosto de 2018